Mostrando entradas con la etiqueta presentaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta presentaciones. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de octubre de 2012

¿A qué hemos venido?


En ocasiones, las razones que han llevado a los participantes de un curso a asistir al mismo pueden diferir bastante de entre unos y otros e incluso alejarse de su supuesto objetivo. Conocerlas y gestionarlas resulta fundamental para el buen desarrollo de las sesiones.

Si sabemos (o tenemos la sensación) que en un grupo de formación nos vamos a encontrar con una situación como la descrita, podemos introducir las siguientes preguntas en la rueda de presentaciones o como ejercicio inicial (ya sea escrito, en grupos, individual...):

 1.- ¿Qué hacemos aquí? 
Con esta pregunta tan directa invitaremos a los participantes a que reflexionen  y compartan las razones o motivaciones que les han llevado a venir al curso y sus expectativas sobre el mismo.

2.-¿Es éste el foro adecuado?
Esta pregunta tiene como objetivo establecer el círculo de influencia en el que se sitúa la acción formativa. En otras palabras, en ocasiones, los participantes asisten a cursos con la idea de alcanzar unos objetivos que la formación tal vez no sea la mejor herramienta para conseguirlos. Reflexionar sobre mis objetivos y sobre dónde estoy puede ayudarme a no generar falsas expectativas.

3.-¿Qué podemos hacer desde aquí para alcanzar ese objetivo?
El hecho de que las motivaciones que hacen que una persona venga al curso no se ajusten a las que nosotros habíamos previsto (o consideremos óptimas), o que difieran entre los participantes, no quiere decir que desde el marco de nuestra acción formativa no podamos contribuir a darles respuesta en la medida que sea posible. Así pues, con esta pregunta estableceremos cómo podemos contribuir entre todos para satisfacer esas expectativas, qué está dentro del alcance del curso y qué debería tratarse en otro tipo de foro.

martes, 15 de mayo de 2012

Puzzles de procesos

Una forma muy útil para trabajar en el aula cualquier tipo de proceso es disponer de cada uno de sus elementos impresos en hojas independientes de modo que podamos construirlo, desmontarlo y volverlo a rehacer, ya sea sobre un panel de corcho con chinchetas o con cinta adhesiva sobre una hoja de papelógrafo o una pared.

Con las piezas del proceso podemos presentar el contenido de un modo diferente, ya sea construyéndolo nosotros mismos mientras lo presentamos o solicitando a los participantes que intenten construirlo sin explicación previa. Personalmente, prefiero esta segunda opción ya que permite ver cuál es la "tendencia natural" del grupo. 

También nos permitirá revisar los contenidos "mezclando" o desmontando el modelo y solicitando a los participantes que lo vuelvan a construir. Una vez reconstruido podemos hacer preguntas de reflexión del tipo ¿Cuáles son los puntos clave del proceso? ¿Qué necesitamos para ponerlo en práctica? ¿Qué dificultades podemos encontrarnos?...

Y para finalizar dos beneficios más: se trata de una actividad que requiere acción, por lo que nos será muy útil para dinamizar al grupo en momentos de "bajón" y además, si no lo retiramos, nos aporta una exposición permanente al contenido.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Menos es Más

Recientemente me comentaba una colega que para un taller de dos horas y media su departamento de formación le había preparado una presentación de ¡¡48 diapositivas!!.

Tal y como me lo explicaba me vinieron a la mente dos fenómenos:

1.--Si leemos no escuchamos y si escuchamos no leemos. De lo que entiendo que de entre presentación y presentador uno de los dos es prescindible.

2.-De un discurso o presentación retenemos aproximadamente un 10% de lo que nos han explicado.

La vacuna para no morir por powerpoint es seguir el principio de menos es más:
Durante una sesión de formación trabaja no más de tres conceptos o ideas potentes y muestralos desde diferentes perspectivas.

Destila tu intervención, esto es escríbela y una vez completada leela y reescribela eliminando sus componentes accesorios. Repite este proceso tantas veces como sea necesario hasta llegar a un discurso que contenga exclusivamente lo importante, el meollo.